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Amparo Dávila y el cine de terror

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    Interlatencias
  • 23 ago 2022
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 9 mar 2024

Ensayo Interlatente de Aurea Rigel García Ortega
 

Amparo Dávila fue una escritora mexicana nacida en Zacatecas en 1928, la crítica la situaría en la Generación de Medio Siglo; —a la cual también pertenecieron Rosario Castellanos, Inés Arredondo, y Carlos Fuentes— sin embargo, debido a que su producción literaria se centró principalmente en el género de lo fantástico y a que la visión de Dávila hacia la literatura no coincidía plenamente con otros representantes de esta generación, la autora no es muy reconocida a pesar de sus vastos escritos.


Como anteriormente se mencionó, las historias de la autora zacatecana se pueden englobar en el género fantástico, que en palabras de Ana María Barrenechea ocurre cuando “un evento sobrenatural irrumpe en la vida cotidiana, regida por leyes naturales” (261), esto no necesariamente implica que dicho evento genere miedo, simplemente que no hay un parámetro en las leyes naturales que lo logre explicar; lo fantástico se definiría entonces como una ruptura de la “normalidad". Una desestabilización del orden común al que el lector (o espectador) está acostumbrado. Otros autores como Louis Vax, sí consideran que lo fantástico está intrínsecamente ligado al terror. Me parece pertinente mencionar que durante la proyección de uno de los metrajes más conocidos de los hermanos Lumière en 1896, L'arrivée d'un train à La Ciotat, lo proyectado no era nada fuera de lo común, por lo menos no para la gente moderna, simplemente el vestigio de un tren que llegaba a la estación. La anécdota es popular debido a que se dice que espectadores corrieron despavoridos al ver acercarse el tren creyendo que saldría de la pantalla y eso los mataría. Para ellos fue un hecho fantástico y terrorífico, algo salido de la cotidianidad de la época.


Para términos prácticos, se empleará la definición neofantástico, propuesto por Ana María Barranchea y Jaime Alazraki, en el que explican que “lo que caracteriza a este tipo de relato es que lo insólito se desplaza al ámbito existencial: el misterio […] es parte constitutiva del ser humano. Este giro auspicia que la mayor carga de sentido descanse en los elementos simbólicos y metafóricos antes que en la infracción del orden natural.” (212) Considero pertinente esta declaración debido a que, para que la narrativa de Dávila funcione como fantástico y terror, es necesario que el o la lectora tenga una impresión de lo que sucede; situación que también ocurre al momento de ver películas de terror. Aunque parece difícil de ver la relación, las películas de horror, en las que salen monstruos producidos por maldiciones o leyendas, y los personajes tienen sueños y visiones además de ser terror, cuentan como algo fantástico porque sería imposible que algo que no tiene referencia a la realidad provoque algún tipo de alteración cuando ocurre una ruptura de la cotidianidad.


El cine de horror, a lo largo de los años se ha encargo de mostrar a los monstruos más espeluznantes que uno pueda imaginar. Los hombres lobo, los vampiros, momias y zombies son figuras que durante mucho tiempo tuvieron un auge: criaturas que impresionaban porque provenían de mezclas de lo animal con humano. Hoy en día esto ya no sucede así, hay que recordar lo que pasó con el fenómeno mundial sobre las películas de la saga Crepúsculo, en el que los vampiros, antes temidos como lo eran en la época de Drácula, ahora brillan y se enamoran de adolescentes. Esto no quiere decir que sea malo, simplemente que ahora los monstruos han cambiado tomando otra forma, una en la que ahora el desarrollo interno de los personajes es lo que se materializa y daña su entorno.

Amparo Dávila supo utilizar al horror como recurso de una manera espectacular. En uno de sus cuentos más populares, "El Huésped” —del libro Tiempo destrozado, publicado en 1959— aparece un inquilino impuesto por el marido de la narradora, y por más que ella implore que se lo lleve, el esposo nunca cede. En diversas interpretaciones se ha dicho que este huésped puede ser un desdoblamiento del marido, debido a la violencia que ejerce sobre ella y los demás inquilinos del hogar cuando éste no se encuentra presente.


Otra cuestión que considero importante remarcar es que en algunos cuentos de Dávila la cotidianidad en la que se ven inmersos los personajes se rompe debido a la introducción de un ser o seres que llegan a imponerse a su vida, y que a lo largo de la historia comienzan a adquirir el control de ella. De esto se derivan dos puntos, el primero, es la imagen de esos seres, cómo son y se miran; el segundo, es la diferencia que hay entre los cuentos —cuentos como “El huésped”, “Moisés y Gaspar”, “La quinta de las celosías” y “Un boleto para cualquier parte” — y la mayoría de películas de terror. Y es que en tres de estos cuentos, los protagonistas sucumben a la imposición a la que los someten los Entes que llegan a su vida, ya sea que se adapten al estilo de vida de éstos, como en “Moisés y Gaspar” y “La quinta de las celosías”, o que simplemente sean incapaces de enfrentarlos y el protagonista huya, que es lo que sucede en “Un boleto para cualquier parte”. En el cuento “El huésped” también se nota cómo la protagonista une fuerzas con su trabajadora doméstica para liberarse de su violentador, contrario a lo que pasa en las películas de terror, en las que es necesario que los protagonistas peleen por retomar el control de sus vidas, a recuperar el espacio que se les arrebató, a reconquistar su libertad. Es necesario que el personaje luche, porque de no hacerlo no produciría ninguna satisfacción en el espectador.


De vuelta al primer punto, el aspecto de los Entes, que es algo que me parece fundamental para que la narrativa de Dávila funcione como terror, y que esto, a su vez, sea precisamente lo que cause miedo en los y las espectadoras al momento de disfrutar una película. Las entidades que construyó Amparo Dávila están caracterizadas por la ambigüedad con la que son descritas, es imposible que se forme una imagen clara de cómo es lo que se representa con la poca información proporcionada por la autora.

En los cuentos antes mencionados, debido a la ambigüedad con la que son descritos los entes, no hay certeza de si lo que se lee hace referencia a un animal, o a una persona. Al personaje del huésped, se le describe al inicio de esta forma: “Era lúgubre, siniestro. Con grandes ojos amarillentos, casi redondos y sin parpados, que parecían penetrar a través de las cosas y de las personas.” (19) Las personas no se caracterizan por tener ojos amarillentos, redondos y sobre todo sin párpados, pero más adelante presenta otra descripción que dice lo siguiente: “… Cuando llegué al cuarto lo encontré golpeando cruelmente al niño.” (21) Refiere entonces al personaje la capacidad de golpear, una actividad que principalmente se asocia con los humanos.

Como se dijo anteriormente, el ente es impreciso y difícil de vislumbrar, la persona que lea los cuentos se ve en la necesidad de participar activamente para llenar los huecos que estas descripciones dejan. Es precisamente la vaguedad lo que produce una sensación de desconcierto, sensación relacionada principalmente a los géneros de horror y terror en la cinematografía.

Imaginarse al monstruo, escuchar su aliento o sus garras que arañan la pared, inclusos sus pasos pesados, verlo pasar al fondo, sin necesidad de observarlo completamente, es esa sensación de que en algún momento por fin verás personificado tu mayor miedo. Los famosos screamers son otro recurso empleado que deja que la intranquilidad se vaya; sin embargo, y tal vez esto sólo me ocurra a mí, una vez que el ente de la película es presentado plenamente pierde el efecto, porque nunca es lo que espero; esto nunca me pasa con la literatura, y obviamente tiene mucho que ver sobre la imagen narrativa, metafórica incluso, y la imagen en movimiento plasmada en el celuloide. Sin embargo, el hecho de que la mente no pueda concretar lo incierto impulsa la sensación de que el ente que se encuentra frente a los personajes es tan terrible como mi mayor pesadilla.


Lo curioso en los escritos de la autora zacatecana, y en muchas de las películas de terror, los personajes principales son mujeres o niños, interesante para la sociedad moderna, pues generalmente se asocia a la figura masculina como los protectores, los defensores de los frágiles. Son los hombres quienes suelen ser los héroes, en cualquier otro tipo de género los hombres, quienes suelen estar al frente de la historia. Sin embargo, tanto en la narrativa de Dávila, como en las películas de terror moderno, el protagonismo se centra en las mujeres –y muchas veces también en infantes–; con el auge del feminismo es comprensible que suceda esto, no obstante, Dávila escribió en tiempos en los que este movimiento no era tan popular. Linda Zee explica con precisión: “estas escritoras introducen el mito en sus cuentos como un recurso eficaz para construir y analizar las jerarquías, instituciones y roles sociales establecidos por el orden patriarcal.” (216) (Citada en Corral y Uriarte 216). Los cuentos de Dávila buscan visibilizar la realidad a la que está sometida la mujer moderna y qué hace para romper con ese esquema. En el cine de terror sucede por la misma razón, siempre es interesante ver cómo las figuras “débiles” salen a pelear, son valientes, fuertes y resistentes a todo lo que se les presente. Es reconfortante y gratificante experimentar el proceso en el que los “frágiles” dejan de serlo y sobreviven a una nueva problemática, ver cómo rompen las jerarquías y los roles impuestos.


Este artículo tiene como meta dos objetivos, sugerir al público a acercarse a la narrativa de Dávila, quien toda su vida vivió en una historia fantástica; y brindar la oportunidad de leer a una mujer que escribió historias con el mismo talento y la misma maestría con la que lo hacía Edgar Allan Poe, y que no mucha gente conoce. Además, es importante hacer notar que la literatura y el cine suelen compartir elementos y características que a simple vista no son fáciles de ver. Personalmente considero que la narrativa de Dávila representaría un gran reto, —para aquellos que son valientes—, de llevarla la pantalla y hacer que sus indeterminaciones permanezcan sobre la narrativa audiovisual generando el mismo impacto que producen al leerse.



 
Bibliografía:

Alazraki, Jaime. “¿Qué es lo neofantástico?” en Teorías de lo fantástico. Comp: David Roas. Madrid: Arco Libros. 2002: 265-288


Barrenechea, Ana María. “Ensayo de una tipología de la literatura fantástica”. Revista Iberoamericana, vol. XXXVIII, no. 80, 1972: 391-403


Corral Rodríguez, Fortinio y Nubia Uriarte Montoya. “Elementos para una aproximación simbólica a “El huésped” de Amparo Dávila”. Connotas. Revista de crítica y teoría literarias, vol. VI, no. 11, 2008: 211-222


Dávila, Amparo. Cuentos reunidos. CDMX: Fondo de Cultura Económica, 2009


Flores Martínez, Sandra Gabriela. “El horror en seis cuentos de Francisco Tario: aproximaciones a lo fantástico- terrorífico”. Tesis. Universidad Nacional Autónoma de México, 2019


Vax, Louis. Arte y literatura fantástica. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1963

 

Interlatencias Revista

agosto 2022

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